Novecento (Libro): una historia inolvidable

in #movies4 days ago

Fotografía de mi galería personal

Las novelas de Alessandro Baricco viven en un rincón solitario de mi biblioteca. Solitario, no porque no comparta mi amor por su obra ni porque quiera - de forma egoísta - reservarlo sólo para mí, sino porque no conozco a nadie que haya leído tantos libros suyos. Sin embargo, de esa soledad en la que he contemplado la magia de sus novelas emergen dos excepciones: la celebrada Seda, leída por millones de personas alrededor del mundo, y la casi equiparable breve obra maestra Novecento: la leyenda del pianista en el océano, inmortalizada en la gran pantalla por el talentoso Giuseppe Tornatore, con música del icónico Ennio Morricone.

Como varias de las primeras obras de su autor, esta es una ficción muy breve. Fue concebido como un monólogo teatral, pero Baricco confiesa:

"Más que un texto teatral, lo considero una novela corta o un relato largo, surgido tras la estela de Océano mar, como si en esta novela no hubiera podido contar todas las historias que quería.".

Al final de la presentación del libro, Baricco lo resume con un argumento muy válido: "es una historia hermosa que valía la pena contar".
La puesta en escena y el punto de partida son sencillos (no simples) y con la capacidad de siempre, el autor de Tierras de cristal condensa toda una vida, todo el mundo, a todas las personas, en menos de cien páginas con frases cortas y escenas memorables.

En los años de entreguerras, un transatlántico, el Virginian (un curioso barco que enroló a un cocinero sin tener cocinas), recorría las rutas entre Europa y América y en él tocaba cada noche la Atlantic Jazz Band. El narrador es un trompetista que sube al barco con apenas diecisiete años y muchas ganas de conocer el mundo y de tocar música. Allí conoce a un pianista extraordinario, con una técnica maravillosa, capaz de arrancar notas mágicas, inauditas; uno de los personajes literarios más entrañables que he leído, de los que se aferran a la memoria, el gran Danny Boodman T.D. Lemon Novecento.

Nacido y abandonado en el Virginian, Novecento no conoció más hogar que ese barco. “El océano era su casa”, cuenta el narrador, y ese parece el mejor inicio para la vida de un personaje que está más allá de lo racional. En un punto de la novela se dice que tenía ocho años pero aún no había nacido porque no existía en ningún registro civil (de acá se desprenden interesantes cuestiones filosóficas e incluso políticas, ¿quién soy si no tengo un documento de identidad?, si nadie lo apunta en ninguna parte, ¿puedo existir para el mundo?); sin embargo, sin bajar del barco, Novecento conocía el mundo. No lo había visto, pero el mundo pasaba por el barco, a través de los ojos de los pasajeros provenientes de todos los rincones del globo.

Hay muchas escenas inolvidables, entre las que destaco dos: el baile con el océano en medio de una tormenta en la que Novecento toca el piano mientras el barco se bambolea de un lado a otro; y el impresionante duelo con Jelly Roll Morton, el inventor del jazz quien quiso subir al Virginian para conocer quién era ese pianista del que todo el mundo hablaba pero que nunca había tocado fuera del barco. Ese duelo, con lo del cigarrillo al final, es también una de las mejores partes de la película que, en mi opinión, le hace una justicia extraordinaria al libro y sin embargo, parte de la magia no logra saltar del papel a la pantalla porque la prosa de Baricco, su propio sello, tiene una mezcla única de romance, mito, filosofía y humor que hace que cada historia que nos cuenta, sin importar en qué época y lugar se ambienten, tomen para nosotros el estatus de leyenda, de un episodio de Las mil y una noches o algo por el estilo.

Hay gran profundidad en eso de querer bajarse del barco para ver el mar aunque se haya vivido en él toda la vida; también la hay en conjurar las generalidades del mundo en lo particular para poder decirles adiós. Hay una óptica casi budista en:

“He desmontado la infelicidad. He desenhebrado mi vida de mis deseos”

hay sinsentidos que no lo son tanto:

“En los ojos de la gente puede verse lo que verán, no lo que han visto. Así decía: lo que verán”

hay frases que condensan toda una vida:

“La tierra es un barco demasiado grande para mí”

pero sobre todo hay Literatura de una calidad extraordinaria. Novecento dice “No estás jodido verdaderamente mientras tengas una buena historia a cuestas y alguien a quien contársela” y es cierto, pero también hay que saber cómo hacerlo y en eso, el escritor italiano es un maestro de maestros y este texto una invaluable joya literaria.

El narrador, testigo de la asombrosa vida de Novecento, es un poco como el Nick Carraway de El Gran Gatsby. Conocemos, percibimos y llegamos a amar al pianista porque se nos muestra a través de la óptica del que fue, quizás, su único amigo, quien por sobre todo lo admiraba como músico porque las notas y melodías que Novecento extraía del piano eran algo único e irrepetible:

“Aquello no existía antes de que él lo tocara… y cuando él se levantaba del piano, ya no estaba… y ya no estaba para siempre”

La leyenda del pianista en el océano es una de esas historias que se quedan en nosotros, que nos persiguen durante nuestra vida para que volvamos a leerla y que, aún cuando sabemos todo lo que va a ocurrir, nos sorprende cada vez con la magia de sus palabras, la fuerza de sus escenas y la sonoridad de sus frases. Novecento es uno de esos libros que no me canso de leer, ni de recomendar, porque definitivamente creo que si existe algo parecido a la magia de los libros, algo como una especie de seducción, de hipnosis, un no sé qué que logra brotar del papel y abducirnos a otro mundo mientras dure la lectura, si algo como eso existe, entonces vive en unos pocos libros especiales y sin duda alguna, este es uno de esos libros.

Reseñado por @cristiancaicedo

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